JAITOR QUINEY URBIETA Biblioteca de Catalunya osep Triadó i Mayol, un ilustrador de libros de la época modernista osep Triadó i Mayol, un ilustrador de libros de la época modernista INTRODUCCIÓN Si queremos encontrar en Josep Triadó i Mayol (Barcelona 1870-1929), al prototipo de ilustrador modernista Art Nouveau, no lo encontraremos, tal vez porque no ha habido ningún artista ilustrador del libro catalán, a excepción de Alexandre de Riquer, que se adecuara a lo que vulgarmente se entiende por modernista. Ilustradores como Triadó fueron Apel·les Mestres, Joaquín Diéguez, Gaspar Camps, Adrià Gual, Alexandre de Riquer, Alexandre Cardunets, Ferran Xumetra, Josep Pascó, Antoni Saló, Josep M. Xiró y tantos otros, que colaboraron en las páginas de los libros y las revistas ilustradas de la época, y dieron a la ilustración de libros en Cataluña, durante la etapa del movimiento llamado Modernismo, una vasta y amplia cantidad de diferentes registros. Triadó, al igual que los otros nombrados, convivió rigurosamente con el Modernismo catalán, pero si bien se adscribió a él de una manera contundente, siempre lo hizo bajo sus propios conceptos del arte y del dibujo, que le alejarían, de alguna manera, del nombre clave del modernismo catalán, Alexandre de Riquer, con quien compartió amistad, influencias y muchas afinidades. Triadó, al igual que Adrià Gual, fueron artistas que penetraron en el modernismo y a su vez lo nutrieron con su vigorosa obra, tanto más personal, curiosamente, cuanto más se alejaba del Art Nouveau y de las influencias vulgarizadoras de un Modernismo estereotipado, y se enardecían del simbolismo pictórico. Triadó proviene, igual que Gual y Riquer, del prerrafaelismo, pero también de los cánones medievales germánicos, que marcaron en él una dirección que, si bien varió con los años, siguió siempre un 12 mismo camino estético formal. Triadó es un auténtico modernista en cuanto es un ecléctico. Estilísticamente siempre recurrió a las mismas fuentes y es tal vez por ello, que su obra de ilustración quedó desprestigiada y su nombre borrado de la historia del arte catalán, aunque fue uno de los críticos más influyentes durante el llamado movimiento “Noucentisme”, Joan Sacs quien lo valoró y pidió a gritos una revisión de su obra y una nueva puesta en valor, que llegaría a medias, de la mano de dos historiadores, en los años 70 y 80 del siglo pasado, pero que hasta hoy, con mi próxima tesis doctoral de su obra completa, no se le ha dado la importancia debida. BREVE BIOGRAFÍA DE JOSEP TRIADÓ I MAYOL Triadó se graduó de bachiller, en la Escuela Superior de Artes e Industrias y Bellas Artes de Barcelona, realizando todos los cursos relativos a la enseñanza de la pintura. Entre 1889-1890 le es adjudicada por la Diputación de Barcelona, una bolsa de viaje para proseguir sus estudios en Madrid, de donde vuelve en 1891. Entra en contacto con el artista Alexandre de Riquer, de quien será discípulo en la técnica del aguafuerte, técnica casi desparecida en el ambiente artístico de la Barcelona del momento. La influencia de Riquer sobre Triadó será constante en esos primeros años artísticos. Durante estos años se forjaría principalmente como pintor, participando en diversas exposiciones a partir de 1893, año en que expone en la Sala Parés, dentro de la exposición colectiva titulada “Oda a Barcelona”. Seguirán otras exposiciones, ganando en todas ellas algún premio: tercera medalla en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona de 1896, con su obra La Muerte, etc. Su pintura, con temas marinos y paisajes, con escenas costumbristas y anecdóticas, es una pintura intimista, de tonos grises y marrones y de pincelada larga. Desde otra visión, crea composiciones simbolistas, alejadas del gusto de la época, composiciones grisáceas y nostálgicas, interiores a contraluz, personajes humildes, etc. A partir de 1901, su dedica ción a la pintura pasará a un segundo plano, pero sin abandonarla nunca del todo. Obras suyas se encuentran en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, en el Museu-Biblioteca Víctor Balaguer, de Vilanova i La Geltrú o en el Museu de la Pesca de Palamós. A fines de los 90 del siglo XIX comienza su labor de ilustrador de revistas, labor muy prolífica que le acompañará hasta el fin de sus días. Las revistas en las que colaboró como ilustrador serán las más importantes de su época: El gato negro, Álbum Salón, La Ilustración Artística, Hispania, Joventut, Ilustración Catalana, Hojas Selectas, y un largo etc. Además, fue director artístico de la Revista Gráfica (órgano del Instituto Catalán de las Artes del Libro), de la Revista Ibérica de Ex Libris y director y propietario del Anuari del Foment de les Arts decoratives. En 1902 obtuvo plaza como Ayudante Meritorio para la Sección Artística, en la nueva Sección de la Clase de Dibujo Artístico dirigida por Josep Serra Porson, en la Escuela Superior de Artes e Industrias y Bellas Artes de Barcelona. En 1903, y por oposición, fue nombrado Profesor Auxiliar de la Sección Artística en la especialidad de Pintura. Al año siguiente fue nombrado Ayudante de “Colorido y Composición, de la Sección de Bellas Artes, bajo la dirección del profesor Antoni Caba, y en 1905, nombrado Profesor Auxiliar Numerario, por las mismas clases. En 1906, fue nombrado Secretario por Real Orden, cargo que sostuvo hasta su muerte. A partir de 1902 su medio de expresión artístico por excelencia fueron las artes del libro y las artes decorativas. Numerosos fueron los proyectos artísticos que realizó para cerámica, pavimentos industriales, joyería, tejidos, bordados, plafones decorativos, esgrafiados, pintura mural, techos, chimeneas, vidrieras, etc. En el dibujo aplicado a las artes del libro y las artes gráficas diseñó de todo: publicidad, anuncios, marcas, sellos, carteles, exlibris, encuadernaciones industriales y artísticas, portadas de revistas, decoraciones e ilustraciones de libros. Como ilustrador y decorador de libros, muestra una gran versatilidad en las composiciones, siempre rítmicas y acertadas, aprovechando los avances técnicos que supuso el fotograbado y las nuevas téc nicas de impresión. Triadó fue el primer heredero directo de Apeles Mestres en la profesionalización del ilustrador de libros. De entre ellos destacan Sonets d’uns i altres (1904), el Primer Llibre d’exlibris d’en Triadó (1906) y Dafnis y Cloe (1906). La faceta más conocida y destacada de Triadó fue la de exlibrista. Desde su primer exlibris de 1900 hasta 1926, Triadó los fue numerando cronológicamente, hasta llegar a los 294, siendo por este motivo uno de los más prolíficos y de los que inauguraron, junto con Alexandre de Riquer, el movimiento exlibrístico peninsular. Su dominio de las técnicas del grabado, su seguridad en el trazo, la imaginación desbordada de los temas de diversa inspiración: helenista, romántica, germánica, simbolista, hacen de estas pequeñas piezas suyas, auténticas obras de arte.1 EL LIBRO MODERNISTA CATALÁN DE FINALES DEL SIGLO XIX ALA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX: ANTECEDENTES DIRECTOS DE LOS LIBROS DE JOSEP TRIADÓ El libro catalán del periodo modernista (1895-1910) es heredero directo y continuador del libro del periodo esteticista (1880-1895), llamado así por algunos historiadores (Cirici, Trenc, Vélez), y que dio a luz, gracias a los avances técnicos en las artes gráficas, a numerosos libros ilustrados o decorados con pretensión artística por artistas de prestigio. 2 El libro con pretensión artística, tiene aparición aún antes del periodo esteticista, con libros de gran formato, cada vez más lujosos e ilustrados por medio de los nuevos procedimientos fotomecánicos de reproducción que las grandes editoriales iban asumiendo. Estas editoriales además, comienzan a editar libros bajo el mismo concepto artístico, en un formato más pequeño y manejable, principalmente de obras literarias, aunque no descuidaron los libros de historia y científicos. Bajo este aspecto, y normalmente con una cuidadísima encuadernación editorial, firmada ya por el artista y el grabador, en una simbiosis que demuestra la importancia que empezó a dársele a las artes aplicadas a la industria, aparecieron las denominadas colecciones literarias ilustradas, las “Bibliotecas”, de dife- JOSEP TRIADÓ, 1906 1 Esta breve descripción biográfica, con algunos cambios, la escribí para la entrada de “Triadó Mayol, Josep”, con motivo de la edición del nuevo Diccionario Biográfico Español, de la Real Academia de la Historia. 2 Para profundizar en el estudio del libro como objeto de arte de este período, ver: Pilar Vélez, El llibre com a obra d’art a la Catalunya vuitcentista (1850-1910). Barcelona: Biblioteca de Catalunya, 1989. 15 rentes sellos editoriales, y que promovieron la aparición de los futuros grandes impresores, y la acción directa del ilustrador de libros, que era generalmente, un reconocido artista: la “Biblioteca de La Renaixença”, la “Biblioteca Arte y Letras”, dirigida en sus inicios por el arquitecto Lluís Doménech i Montaner y el crítico Josep Yxart, la “Biblioteca Clásica Española”, la “Biblioteca Verdaguer”, y la “Biblioteca Universal”, de la editorial Montaner y Simón, que abarcará hasta bien entrado el siglo XX, y en la que participó Triadó diseñando algunas de sus encuadernaciones. Todos estos libros tienen en su mayoría un denominador común, que es la de ser editados en grandes cantidades para una gran mayoría de consumidores, y que si bien tienen pretensión artística, la calidad de los materiales, como el papel, está subordinada al coste de la impresión. A pesar de ello, fueron las ediciones que mejor representaron las corrientes estéticas contemporáneas, y el nexo para el desarrollo de las artes gráficas y la aparición del libro bajo los preceptos de la influencia inglesa de William Morris, de las Arts and Crafts y bajo el desarrollo de la bibliofilia erudita y artística. Entre el Esteticismo y el Modernismo, apareció una figura primordial a la hora de establecer el papel del dibujante como profesional, la del poeta, escritor e ilustrador de sus propias obras, Apel·les Mestres. Mestres vio cómo, con el avance en las artes gráficas y los modernos sistemas de reproducción, se facilitaba enormemente el trabajo del ilustrador que por fin podía ser libre a la hora de demostrar su personalidad y disfrutar de la máxima fidelidad en las reproducciones, aún con las más complicadas imágenes. Y el libro se llenó entonces de mariposas, insectos, hadas, ninfas, sílfides, gnomos, flores estilizadas, bosques, claroscuros, follajes interminables, etc. Libros suyos como L’Ànima enamorada (1884), Cants Íntims (1889), Idilis (1889) o Vobiscum (1892), nos anticipan ya la estética de lo que vendrá: goticismo, japonismo, Art Nouveau, Simbolismo y decorativismo. Con la etapa modernista, en la que Mestres tuvo también un importante papel como veremos, aparecen los per sonajes polifacéticos que fueron, a un mismo tiempo, poetas, novelistas, dramaturgos, pintores, dibujantes y músicos como Alexandre de Riquer, Santiago Rusiñol o Adrià Gual, principales actores de la entrada de esta nueva corriente estética y cultural, que se aproximaba sustancialmente a las ideas provenientes del norte y que compartían el paradigma del arte total que preconizaba Wagner. Alexandre de Riquer fue heredero de Mestres en su libro de poemas Quan jo era noy (1897), pero que avanzó en una concepción estética más cercana al prerrafaelismo y al simbolismo, pero de clara tendencia Art Nouveau, en sus libros Crisantemes (1899) y Anyoranses (1902), y que, a partir de 1906, con Aplech de sonets, se conducirá por caminos más plácidos y clásicos. Crisantemes y Anyoranses, de formato alargado y estrecho, son dos obras concebidas como una pequeña joya inflamada de delicadeza, con una gran profusión en la decoración que casi oculta el texto, como intimidado de ser revelado ante los ojos del lector. Ambos fueron compuestos en tipos elzevirianos por la casa Thomas. Otros dos libros del pintor y poeta Santiago Rusiñol compartirán la escena de esos años: Oracions (1897) y Fulls de la vida (1898). Ambos, ilustrados por dos de sus mejores amigos y artistas a su vez, muy cercanos por lo tanto a su obra pictórica y poética, Miquel Utrillo y Ramón Pichot, respectivamente; fueron impresos por la emblemática editorial L’Avenç. Oracions, es uno de los libros más bellos y representativos del modernismo —según Panyella—, en cuanto manifestaba una integración total de las artes, entre texto, ilustraciones, decoración y música (esta última del maestro Enric Morera), y que inauguraban un nuevo género modernista y simbolista por excelencia: la prosa poética.3 Las ilustraciones que Miquel Utrillo realizó, y que se envanecen de la poesía simbolista de Rusiñol representando gráficamente su universo poético, fueron tiradas sobre papel cuché a varias tintas, a partir de dibujos a la pluma y tinta china. La obra de Pichot para Fulls de la vida, nace de la compañía que éste y Rusiñol se hacen mutuamente en el verano del año anterior en Sitges y en un viaje a Granada ese mismo invierno, 3 Vinyet Panyella, “Santiago Rusiñol i els llibres del Modernisme”, Anuario, de la Asociación de Bibliófilos de Barcelona, 1999-2000, Barcelona, 2001, p.71-116. 17 4 Dos años después, en 1898, “L’Avenç” editará la traducción de Joan Maragall, del poema Ifigenia a Taurida, de Goethe, con una portada muy similar de concepto aunque más sobria y equilibrada. resultado del cual fueron los fotograbados a una tinta a partir de los dibujos originales, en tonos oscuros, intercalados con la tinta verde del texto, dando un aire muy intimista y simbólico a toda la obra. Junto a los libros de Riquer y Rusiñol, sobresalen en excelencia y rompimiento de los esquemas establecidos, y lejos de estos dos últimos pero en connivencia pacífica, otros dos libros de Adrià Gual, como autor e ilustrador, Nocturn. Andante morat (1896) y Silenci (1897). Del primero destacar el color morado, color simbolista por excelencia, y la tipografía plateada con un motivo decorativo rectangular y horizontal que divide el plano, en cuyo interior unas ondas concéntricas en forma de flor se abren sucesivamente; en el interior, el dibujo de la escena de la obra de teatro, y sus personajes —el caminante, su hermana y el loco—, dibujados igualmente por Gual.4 El segundo, con la sola decoración en su portada, un corazón sangrante de cuya gota caída aparece el título. Ya entrado el siglo XX, y antes que Triadó ilustrase su primera gran obra en 1904, salió a la luz Boires Baixes (1902), novela simbolista de atmosfera irreal, de Josep Maria Roviralta, uno de los fundadores de la revista Luz. Boires Baixes hereda el concepto de obra de arte total incorporando al texto las ilustraciones de Lluís Bonnin y la música de Enrique Granados, todo ello, además, puesto en escena con la colaboración del impresor Oliva, que hizo una auténtica delicadeza japonizante plena de detalles virtuosos y sugerentes. Las ilustraciones de Bonnín —que compartió páginas con Triadó como ilustrador en la revista Hispania—, para este libro, entran de lleno en el simbolismo de la obra y acompañan de manera determinante el mundo irreal que rezuma todo el libro, consiguiendo una compenetración psicológica con el sentido del mundo que el autor quiso reflejar. Pero la realidad en cuanto al libro modernista catalán fue que, a pesar de los ejemplos anteriores, bellos ejemplos del rumbo que había tomado el mundo del libro de bibliófilo, pocos o muy pocos, fueron los artistas que se dedicaron de pleno a la decoración e ilustración de libros y, por 18 tanto, considerarse profesionales. De todos ellos, Josep Triadó será el artista catalán del momento que más se consagrará a las artes del libro, y que dejaría la pintura para dedicarse casi en exclusiva a esta disciplina, a la ilustración de revistas y al dibujo de exlibris. JOSEP TRIADÓ, ILUSTRADOR Y DECORADOR DE LIBROS Triadó, pues, comienza su andadura como ilustrador de libros, heredando de manera directa todos estos ejemplos, que sin duda alguna fueron estudiados por él. No nos detendremos en analizar el trabajo de Triadó como ilustrador de revistas, pues ya lo hice en su momento5, pero, inevitablemente, para abordar el tema de la ilustración de libros, tendremos que recurrir, de tanto en cuanto, a su trabajo para las revistas de la época, pues los dos trabajos, son, en cierta manera, indisociables. Tampoco abordaremos su obra como ilustrador de encuadernaciones artísticas e industriales, que lo fue, llegando a realizar, en algunos casos, los trabajos más exquisitos de la época, como fue el diseño que hizo para la encuadernación industrial de la Revista Ibérica de Exlibris (1903). Tampoco nos toca ahora hablar de su actividad exlibrística, en la que le reconocemos como el más prolífico, interesante y exquisitamente revelador dibujante de estas marcas de propiedad de libros, quien, junto a Alexandre de Riquer, fue el que inauguró el resurgimiento de este arte en Cataluña y en toda la península. Hablaremos, ahora sí, de su trabajo como ilustrador y decorador de libros, la mayoría de los cuales fueron hechos bajo el signo de la edición de libros de bibliófilo, y por lo tanto, destinado a un grupo minoritario, debido a la corta tirada de ejemplares que normalmente se hacían de estos libros. Entre 1901, y hemos de recordar que Triadó comenzó a ilustrar profesionalmente revistas modernistas en el año 18956, y 1929, año de su muerte, Triadó ilustró 17 libros, como he dicho, sin contar los dibujos para portadas en rústica, encuadernaciones industriales y artesanales, y portadillas que realizó, algunas tan importantes como la que hizo para la primera edición de Solitud, de Víctor 5 Aitor Quiney, “Josep Triadó i Mayol i la illustració i decoració de les revistes illustrades catalanes (1895-1921)”, Butlletí XXII, Barcelona 2008, Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, , Barcelona, 2009, p.79-98. 6 Su primer trabajo que he documentado, lo realizó para la portada del nº8, de 23 de febrero de 1895, de la revista Barcelona Cómica. 19 Català, pseudónimo de la escritora Caterina Albert7, de un simbolismo trágico que intensifica el contenido de la obra. Por tanto, la época acotada entre 1901 y 1929, corresponde, si nos atenemos a la cronología de la historia del arte, a los períodos artísticos de finales del Modernismo y la aparición del Novecentismo catalán. Pero Triadó, aunque no fue inmune a los cambios surgidos entre estos dos estilos y los diferentes artistas que planearon sobre las artes del libro, no se adscribe a ninguno de los dos movimientos. Críticos e historiadores, dividen el arte en compartimentos estancos, en escuelas incompatibles entre sí, pero en realidad, todos sabemos que el arte es una sucesión sin solución de continuidad, desde el principio en que el hombre quiso reproducir simbólicamente lo que le rodeaba. En diferentes momentos, Triadó hace guiños a ambos movimientos, pero la verdadera importancia de Triadó, reside en su autonomía, en su fuerte personalidad y en un estilo tan propio, que algunos ilustradores del momento, como Joan Vila d’Ivori, recibirán su influencia y maestría y seguirán bien de cerca su huella y su estilo. La influencia más directa sobre la obra de Triadó, hay que buscarla en el prerrafaelismo inglés, en los grabados alemanes del siglo XV y en el gótico catalán, tres influencias que se corresponden, de alguna manera, con la recuperación de estilos antiguos, promulgada por la corriente modernista en Barcelona, y que en Triadó se convierten en una mezcla de clasicismo y modernidad insuperables. LOS LIBROS ILUSTRADOS POR JOSEP TRIADÓ Si nos situamos en 1900, nos encontramos con que Josep Triadó era ya bastante reconocido en Barcelona como ilustrador de revistas y pintor y que comenzaba su andadura triunfal con la ejecución de exlibris que comenzaron a encargarle los bibliófilos de la época, cuando éstas pequeñas marcas de posesión de libros, empezaron a sonar en los oídos de los amantes del libro, y los artistas, asimilan do las nuevas corrientes que venían de Inglaterra, Francia 7 Víctor Català, Solitud, Biblioteca Joventut, Barcelona, 1905. y Alemania, comenzaron a ilustrar. Triadó era conocido 20 también, por las encuadernaciones que desde la década de los 80 del siglo XIX, venía dibujando para la “Biblioteca Universal”, de la Editorial Montaner y Simón, libros de gran tirada, que se repartían entre los suscriptores de la revista la Ilustración Artística. Los primeros pasos de Triadó en la ilustración de libros fueron tímidos y lentos y no fueron precisamente para libros de bibliófilo, sino para ediciones ilustradas de libros de gran tirada. El primero de ellos fue Ayres del Montseny, de Jacinto Verdaguer, en 1901, siendo a su vez, uno de los primeros títulos aparecidos bajo el sello editorial de la revista modernista Joventut, “Biblioteca Joventut”. Con una portada de Apel·les Mestres, el libro consta de 34 poemas y 13 ilustraciones de algunos de los artistas más importantes del momento: Joan Brull, Lluís Graner, Simó Gómez, Francesc Sardà, Josep Triadó, Jaume Vilallonga, Antoni Solé, Modest Urgell, Sebastià Junyent y Joaquim Primo. En líneas generales las interpretaciones a los poemas de los artistas tenían un cierto aire simbolista, aunque también los había realistas. Triadó ilustró el poema Coples de la Mare de Déu del Roure (Coplas a la Madre de Dios del Roble), con un dibujo a la pluma, muy próximo al estilo que volverá a usar en sus exlibris posteriores. Triadó presenta una Madre de Dios nimbada, de un marcado aire prerrafaelita, evocador incluso de Botticcelli, con los cabellos largos y sueltos que le caen sobre los hombros y tocada con un vestido lleno de sinuosos pliegues; sobre las rodillas, el Coples de la Mare de Déu del Roure, 1901 21 8 Para saber más de esta empresa de Artes Gráficas inglesa ver el artículo de Jonathan Allen, “William Morris y la arquitectura del libro ideal”, en Moralia 4: revista de estudios modernistas: 2004, Moya, 2005, p.48-55. 9 Entre 1901 y 1903, estuvo ocupado con las oposiciones para obtener la Cátedra de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Barcelona. 10 Kipling, Rudyard, El libro de las tierras vírgenes, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1904. 11 Pin y Soler, J., Sonets d’uns i altres. Illustracions de Triadó; Estampa de Joan Oliva, Vilanova i la Geltrú, 1904. 12 Quiero remarcar, dado que nuestra revista Moralia se dedica al estudio del Modernismo en Canarias, que la imprenta de los Oliva de Vilanova i la Geltrú, tuvo una relación muy estrecha con el pintor Néstor durante su estancia en Barcelona. Ellos fueron los impresores del catálogo de la exposición individual que Néstor celebró en el Círculo Ecuestre de Barcelona en 1908; también lo fueron del catálogo y la invitación de la “famosa exposición de los refinados” en el Fa- niño dios juega con una flor en su mano izquierda. Madre e hijo están sentados sobre un roble con las raíces vistas, que se alargan sinuosas y enredándose entre ellas, formando un recuadro donde se representa la escena. Estas formas predominantes recuerdan algunas ilustraciones que la Kelmcot Press8 había hecho para el libro Mort d’Artús, pero sobre todo, Triadó se recrea en una figura muy próxima a las de Edward Burne Jones, a quien Triadó buscará siempre como referente estilístico y formal. Triadó no volverá a ilustrar ningún libro hasta 19049, año en que lo hará por partida doble, con dos libros antagónicos en forma, contenido y alcance editorial. El primero de ellos fue El libro de las tierra vírgenes 10, de Kipling, donde vemos que Triadó no se encuentra muy cómodo a la hora de traducir en imágenes la vida de Mowgli, entre los habitantes de la selva hindú, como lobos, osos, serpientes, etc. El estilo del artista se acerca bastante al que estaba haciendo por entonces para las ilustraciones de la revista La Ilustración Artística, de las novelas y narraciones cortas que ésta publicaba. Son escenas naturalistas, que quieren representar la realidad a partir de claroscuros, aunque a veces, este naturalismo toma un cierto aire simbolista. Probablemente Triadó tuvo que adaptarse a las exigencias de la editorial de hacer una edición parecida a la que se hizo de la primera edición de este libro en Inglaterra, ilustrada por el padre del autor, John Lockwood Kipling, con un estilo muy cercano al prerrafaelita. Para la mayoría de las ilustraciones, Triadó enmarcaba la escena dentro de un marco de estilo Art Nouveau. Con el segundo libro de 1904, Sonets d’uns i altres11, editado por el escritor catalán Josep Pin i Soler, e impreso por Oliva de Vilanova12, Triadó tuvo su primer encuentro con la bibliofilia más pura, dado que el libro se concibió, desde buen principio, como una pieza bella, con las características tipológicas que entonces debían tener los libros bien editados: buen papel, tipografía elegante y una gran compenetración entre ilustración y contenido, y una tirada corta, de 200 ejemplares (50 en papel vitela y 150 en papel 22 de hilo verjurado). El antologista y editor de este libro era el miembro número 22 de la Societat Catalana de Bibliòfils, y sabía muy bien lo que quería conseguir, no dudando ni un momento en acudir a los mejores profesionales: Joan Oliva como impresor, por un lado, y Josep Triadó, como ilustrador, por otro. Pin i Soler, aseguró el éxito de su empresa —esto es, que contenido y continente tuvieran una comunicación paralela—, encargando a Joan Oliva la impresión de su libro de sonetos. Este libro es un recopila- torio de sonetos de autores catalanes contemporáneos, recogidos por el autor: Gabriel Alomar, Josep Carner, Miquel Costa i Llobera, Josep Martí i Folguera, Joan Mercader i Vives, Manuel de Montoliu, Magí Morera i Galicia, Pere Riera i Riqué, Joaquim Ruyra, Guillem Tell i Lafont, Xavier Viura y Geroni Zanné. Además, Pin i Soler escribe un prólogo intitulado Rhapsodia, en el que hace una aproximación al panorama internacional de la producción de sonetos, desde Petrarca, Miguel Angel, D‘Annunzio o Góngora, hasta Baudelaire, Verlaine, Mistral o Verdaguer. Pin i Soler quería un libro que fuese un objeto de arte en sí mismo y con Joan Oliva, decidieron que fuese un libro en rústica, con papel vitela para una corta edición y con papel de hilo barbado, ambos de la Casa Viuda de Guarro, de Capellades. Optaron por una tipografía elzeviriana, con gran gusto en su composición, sin otra ornamentación que no fuese un sencillo encuadramiento rojo, hecho de filetes, alejándose radicalmente del uso abusivo que por entonces se hacía de las viñetas Art Nouveau. Para ilustrar algunas de las composiciones poéticas, Pin i Soler eligió a Triadó, que para entonces se había ganado ya el primer puesto entre los ilustradores, aparte de ser profesor catedrático de dibujo en la escuela de Artes y Oficios. Las que primero debían ser sólo seis composiciones, finalmente se convirtieron en catorce, siendo los poemas a ilustrar seleccionados por el mismo Triadó, lo cual le daba una libertad absoluta para sentirse cómodo frente a un libro de poemas, siempre difícil de ilustrar, y sabiendo que se la jugaba profesionalmente, al entrar por la puerta grande de la ilustración de libros, yans Catalán en 1911, es decir, de Néstor, Marino Andreu, Ismael Smith y Laura Albéniz; igualmente del catálogo y la invitación para la exposición de Néstor celebrada en Madrid en la sala Lisárraga & Sobrinos en 1914 (ver Moralia 7, p. 106); y, además, encargaron a Néstor el frontispicio para la obra La Arquitectura Naval Española (en madera), de Gervasio de Artiñano y de Galdácano, editada en 1920, aunque el dibujo de Néstor está firmado y datado “Néstor, Barcelona, 1916”, y grabado por “R. Maura sc. 1918”. Además de todo ello, en 1915, la imprenta Oliva publicó un bello opúsculo sobre la historia de esta empresa de arte gráfico titulado Keepsake, en cuyas páginas hay un apartado titulado El decorado de libros en España, firmado por M., en cuyo texto la figura de Néstor aparece exaltada como uno de los ilustradores de libros más importantes del momento. La imprenta Oliva fue, sin duda alguna, una de las más importantes del periodo modernista, no sólo en Catalunya, sino en toda la península y Europa, de la que hay un riguroso y exhaustivo trabajo de Santi Barjau i Víctor Oliva titulado Barcelona, art i aventura del llibre. La imprenta oliva de Vilanova, Ajuntament de Barcelona, Barcelona, 2002. 23 con un inmejorable producto de su fantasía creadora, o bien, no llegar a las expectativas creadas y buscadas. El planteamiento de Triadó fue honesto, como honesta era esta edición: sencilla en su aspecto, sobria en su composición y fiel a su personalidad. Los catorce dibujos a la pluma, que se tiraron sobre papel japonés, tienen algunos un aire clásico, debido al tema del soneto, otros, sin embargo, se acercan a un sentido panteísta de la naturaleza, donde cada criatura, sea la vaca de “Consagració”, la encina de “La gran alzina de Mossa”, o el ciprés, de “Lo xiprer”, son manifestaciones diferentes de aquello que es divino, en donde se encuentran composiciones procedentes de los grabados franceses y alemanes de los siglos XV y XVI, pero también inspiraciones alemanas de su época, procedentes básicamente de la contemplación de las revistas Ver Sacrun o Jugend, y nuevamente, de los prerrafaelitas, y sobre todo de Burne-Jones. El camino de la imitación o de la inspiración en las composiciones contemporáneas para la propia creatividad, siempre ha sido un camino paradójico, muy común por cierto en todos los ilustradores europeos del momento, dada la gran difusión y presencia que las revistas ilustradas habían adquirido. Pero en el caso de Triadó, fue un camino que le condujo ciertamente a la originalidad. El dominio de la técnica del dibujo a la pluma, a página entera, no dejó indiferente a nadie, de tal manera, que los originales fueron expuestos en la Sala Parés en julio de 1904. Todas las composiciones, diferentes entre sí, se complementan, y dan al libro un acabado firme, preciso y contundente, a la par que bello. Este será el primer y último libro de poesía ilustrado por Triadó, por lo que intuimos, que Triadó se planteó, en algún momento, el eterno problema de si la poesía podía ser ilustrada con honestidad con dibujos o pinturas. En cualquier caso lo hizo, y el resultado fue bien reconocido. Triadó ilustró la portada, el prólogo “Rhapsodia” y los sonetos, cuyos títulos coinciden con los de los dibujos, y son los siguientes: Portada, Rhapsodia (Prólogo), Consagració (Gabriel Alomar), Les monjes (Josep Carner), La gran alzina de Mossa (Miquel Costa i Llobera), Les birbadores (Magí Morera i Galicia), Los coracers (Pere Riera i Riqué), Lo xiprer (Pere Riera i Riqué), La llegenda zoroàstrica (Joaquim Ruyra), Visió (Xavier Viura), Les serenes (Geroni Zanné), Helena (Geroni Zanné), Esfinx imperial (Geroni Zanné), Lo rey a Poblet (Geroni Zanné). Con una estética simbolista, Triadó dio una personalidad propia a cada dibujo, inspirados en la lectura de los sonetos. Es una ilustración subordinada al texto o a una estrofa concreta del soneto, y no un equivalente plástico. Para la portada, elemento de indiscutible importancia, Triadó dibujó, reproducido sobre cartulina verde, a una joven de inspiración medieval germánica, que cose la filacteria donde va el nombre del impresor “JOAN OLIVA/ VILANOVA LA GELTRڔ, imbuida de aspecto melancólico, como si estuviese escuchando las voces de los rapsodas, bajo un gran rosal que ocupa toda la composición. En la parte superior, dentro de un marco de filete tipográfico, aparece en letras redondas muy usuales en los dibujos de Triadó, el nombre del autor, el título y la autoría de Triadó como dibujante. Es una composición muy recargada que respira gracias a unas líneas blancas en fuga que dan perspectiva. Si la inspiración de la portada es medieval, Triadó hace un camino de ida y vuelta, entre el medievalismo, el prerrafaelismo y las Arts & Crafts de William Morris. Cuando fue publicado Sonets d’uns i altres, ya habían aparecido los dos primeros números de la Revista Ibérica de Exlibris (1903-1906), de la cual Triadó era el director artístico. Esta revista marcaría un hito importantísimo en las artes gráficas catalanas durante el Modernismo, cuya impresión, en ese primer año, estuvo a cargo del hijo de Joan Oliva, Víctor Oliva, por entonces un joven apasionado de 19 años. Igualmente, en 1903, había aparecido el libro de Alexandre de Riquer, A. de Riquer. ExLibris, primer libro monográfico sobre exlibris aparecido en la península, exquisito en su forma y en su contenido. Este precedente, hizo que la Redacción de la Revista Ibérica de Exlibris, se planteara, a partir de 1905, la edición del Primer Llibre d’exlibris d’En Triadó, que vio la luz en 1906. El prólogo al libro, lo hará el direc- Portada para Sonets d’uns y altres, 1904 25 tor literario y redactor de la Revista, que también era editor, bibliófilo, escritor, etc., del cual hablaremos más adelante, pues la trayectoria de Triadó en su papel como ilustrador de libros, estará ligada íntimamente a Ramón Miquel y Planas, del cual hablamos. Completamente concebido por Triadó en su decoración y concepto, este libro es una de las obras más características del Modernismo catalán. Es el volumen más bello procedente de las prensas de la Imprenta la Elzeviriana, y uno de los libros que se acercan más, en su aspecto formal al Art Nouveau catalán, que procede del formato alargado de la revista modernista por excelencia Luz (1897-1898), de algún libro editado por los Oliva como Poesia & Prosa (1905), de Ignasi de L. Ribera, o de otros de Alexandre de Riquer, que ya comentamos más arriba, que a su vez provienen de los kakemonos japoneses, aparte de recordarnos el formato de los dietarios de comercio que circulaban en el siglo XV por toda Cataluña. Una de las premisas fundamentales del movimiento Arts & Crafts que preconizó William Morris y cuyas ideas fueron introducidas en Barcelona, como hemos visto, por influencia de Riquer, era la de que un libro bello sólo es fruto del amor que en su concepción y en su realización, siente el impresor, el autor y el decorador. Para la decoración y concepto de este libro, asumidos íntegramente por Triadó, vemos que su buen gusto, pasión y su conocimiento de los recursos de que podía echar mano, le hicieron apartarse de lo vulgar y lo nimio. Su espíritu delicado se refleja en cada página que compuso, y, no obstante ser sus exlibris el motivo de la publicación de esta obra, no son ellos por si solos los que la magnifican: es el carácter en ella predominante, es la unidad decorativa que con el conjunto prevalece, es la impresión severa y artística que se recibe, según uno vuelve las páginas de esta obra. La decoración del libro presenta en todas sus páginas las mismas características, atendiendo a una unidad formal: una orla decorativa formada por rosas con sus tallos, hojas y ramas, impresa en tinta roja. Las rosas, a pesar de parecer a priori un elemento delicado, están dispuestas de tal manera, que las ramas y sus espinas bien remarcadas y perfiladas, le dan un carácter severo y masculino. Esta orla es bastante más gruesa en la portada y el colofón.13 Esta orla será la que mantenga la unidad decorativa frente a la heterogeneidad de los exlibris, dispuestos siempre en el recto de las páginas y acompañados por las letras capitales formadas por tres tipos de diferentes colores: rojo para unas, y negro para otras. La composición con los tipos elzevirianos, acaban por equilibrar el conjunto, en el cual, el blanco de la página desparece casi por completo, dando lugar a una puesta en página contundente pero sencilla, nunca vista hasta entonces en libro alguno. Esta exigencia, este rigor voluntariamente impuesto para la consecución da una concordancia integral; ese sentimiento de la belleza que regula y armoniza a fin de que no haya un desentono, son lo que imprime un sello especial a este libro. Otros elementos puramente decorativos, como un jarrón típico catalán (almorratxa) y un jarrón de estilo Art Nouveau, continúan la unidad decorativa con la sencillez de sus líneas. Triadó, en definitiva, consigue hermanar todas las composiciones dentro de un formato alargado, en el que encontramos bellamente contrapesada la importancia de todos sus elementos: el dibujo del exlibris (impreso), el texto, la ornamentación, la tipografía y la implacable presencia del impresor. Entre este libro y la aparición del libro siguiente de Triadó, aparecieron dos libros fundamentales en las prensas catalanas, aunque muy diferentes entre sí, que representan dos concepciones distintas del tratamiento gráfico del libro: L’Atlàntida (1906) de Jacint Verdaguer ilustrada por Josep Maria Xiró, y Liliana (1907), de Apel·les Mestres. El primero, concebido dentro de la línea del libro ochocentista cata- Primer Llibre d’exlibris d’En Triadó, 1906 13 Esta misma orla, pero en un formato inmenso la usará Triadó como elemento decorativo para las paredes de la Sala Española de la V Exposición de Arte de Barcelona celebrada en 1906, sala que estuvo decorada bajo su dirección y la de Joaquim Renart. 27 14 Longus, Dafnis y Cloe, traducció catalana y pròleg de Ramon Miquel y Planas ab ilustracions originals de Joseph Triadó. Barcelona “Revista Ibérica de Exlibris”, M.CM.VI. No daré noticias de todos los pormenores referentes a la edición e ilustración de este libro, que como se puede observar, lleva la fecha de edición de 1906, en vez de 1908, que fue cuando vio la luz, pues me alargaría demasiado y entorpecería la dinámica de mi escrito. lán y por lo tanto muy lejano de lo que entonces se hacía, contiene, sin embargo, doce ilustraciones muy propias del simbolismo de la época, debidas a Xiró, además de comienzos de capítulos de la misma factura. Esta obra excepcional y de gran formato fue impresa en los talleres de J. Thomas. Al año siguiente, la imprenta oliva imprimirá otro de los libros más paradigmáticos del simbolismo modernista, el Liliana, de Apel·les Mestres, con ilustraciones del mismo autor. Una cuidadísima edición de bibliófilo —con 12 ejemplares en papel Japón, aunque tuvo una edición a parte de 1.000 ejemplares en papel fabricado expresamente—, es la obra cumbre de Mestres en donde explota toda su capacidad imaginativa y su mundo iconográfico, uniendo la poesía, el dibujo y el diseño gráfico de los Oliva, para expresar su sentido más mágico de la naturaleza. De vuelta con Triadó, en 1908 aparece el libro Dafnis y Cloe, de Longus14, auspiciado por la Revista Ibérica de Exlibris, e incluido en la Nova Collecció Artística Catalana, dentro de la producción editorial de libros de bibliófilo de Ramón Miquel y Planas, junto a Amor y Psiquis (1905) y más tarde Contes de Perrault (1911), edición, ésta última, decorada por Alexandre de Riquer. La relación de Triadó con Ramón Miquel y Planas, editor de libros de bibliófilo, fue muy fecunda y la mayoría de los libros que ilustra a partir de este momento, serán editados por su amigo, quien por otro lado, fue uno de los que más ayudaron a la expansión de los ilustradores catalanes, ofreciéndoles, democráticamente, y bajo el sello del buen gusto, las páginas de sus prolíficas y hermosas ediciones, para que pudieran demostrar sus aptitudes artísticas. En un principio, y hablamos de 1906, el libro Dafnis y Cloe debía llevar 4 láminas grabadas al aguafuerte y estampadas al tórculo, fuera de texto, además de otros elementos decorativos. La idea de Ramón Miquel y Planas, era la de resucitar esta técnica artística, el aguafuerte, que tanto se usó en el siglo XVIII español, y que en lo referente al libro, sólo se usaba, por entonces, para la reproducción de exlibris, sobre todo por parte de Alexandre de Riquer. Con 28 trariedades por falta de tiempo y debido a una enfermedad contraída por Triadó, hicieron inviable este proyecto, que debido a necesidades económicas, debía ser estampado lo más urgente posible. Finalmente Ramón Miquel y Planas decidió encargar a Triadó, sin menoscabo al resultado final de la obra, unas estampas tipográficas policromadas para las láminas fuera de texto y para el resto de elementos como cabeceras y exlibris universal. Al respecto podemos decir que las catorce ilustraciones y decoraciones de Triadó, junto a la elección del tipo elzeviriano para el texto y la puesta en página por el impresor Fidel Giró, lograron producir uno de los libros más bellos, elegantes y exquisitos del panorama editorial español del momento. Con un estilo moderno, pero de resonancias provenientes de la estampa japonesa, Triadó está influido en esta obra por la pintura decorativa que enriquecía la antigua cerámica griega, elevando el valor cromático y la forma de las composiciones por encima de las piezas arqueológicas, que no copia ni imita, sino que se las recuerda, en su gracia y encanto. La armonía alcanzada por los cuatro colores yuxtapuestos y siempre planos de las figuras y escenas de los pastores Dafnis y Cloe, concuerda, bajo el aspecto de lo simple, con la propia lectura del texto, en una unión casi imposible, entre una estampa moderna y un texto antiguo. Durante el tiempo que el libro estuvo esperando por las ilustraciones de Triadó, nuestro artista tuvo momentos para hacer otras incursiones, entre las que destaca la portada para el Llibre dels set savis de Roma15 (1907), entre otros que no nos pararemos a describir, para dar un salto de cuatro años y situarnos en 1912, año en que el estilo llamado Modernismo, no sólo es utilizado en artes gráficas por impresores trasnochados y faltos del más mínimo gusto, sino que incluso era denostado socialmente y por las élites artísticas del momento. Cataluña estaba más o menos inmersa en el movimiento cultural, político y artístico denominado Novecentismo (Noucentisme), que preconizaba la inspiración clásica de Grecia como cuna del mediterranismo catalán. Este período hizo renacer la xilografía Portada para Dafnis y Cloe, 1908 15 Llibre dels set savis de Roma, Societat Catalana de Bibliòfils, Barcelona, estampat en l’Impremta de L’Avenç, 1907. 29 como una de las técnicas de reproducción más habituales, dando un sentido más arcádico a las ilustraciones que a partir de entonces se llevaron a cabo en la edición de los libros catalanes. Incluso autores tan enraizados dentro del Art Nouveau modernista, como Alexandre de Riquer, con su libro El poema del Bosch (1910), impreso por La Académica, en el que utiliza xilografías del siglo XVIII de su propia colección, se adentra hacia un estilo más clásico y de un estilo abarrocado con elementos y figuras alegóricas. Con la llegada del Novecentismo, Triadó también hace en 1908 una pequeña incursión decorativa hacia un clasicismo muy simple, quizás demasiado simple como para no pasar desapercibido, y que fue el libro u opúsculo La Neotipia. El título del libro es el nombre de una de las imprentas más unidas al nuevo movimiento artístico, y cuya virtud radicaba en el deseo de realizar cualquier impresión, por banal que fuera, con amor y buen gusto. El libro editado por la misma imprenta, daba cuenta de los textos de la prensa que se hicieron eco de su aparición en el mundo de las artes gráficas. Triadó concibe aquí una de las pocas obras próximas al arte novecentista más puro, una decoración muy austera basada en guirnaldas y medallones que inserían el número de página, de estilo Imperio y frisos y finales de capítulo de un estilo imitativo de las viñetas Renacimiento. Para la portadilla, y en tono verde, el color de las ramas de Apolo, realiza una ventana renacentista. Para la portada en rústica, de cartulina superior, una figura alegórica varonil, que representa a Apolo, alzando su mano derecha con una corona de laurel como símbolo de la victoria y el triunfo; al fondo, una victoria alada. En 1908 y 1909 aparece en escena un joven ilustrador, Joan Vila, que ilustrará dos volúmenes de Les Rondalles Catalanes, libros costeados igualmente por Ramón Miquel y Planas e impresos en casa de Fidel Giró, cuyo primer volumen, Vila dedicará a su maestro y amigo Josep Triadó. Vila será uno de los ilustradores más representativos del período del Novecentismo catalán, aunque en estos libros, su obra sigue el gusto del Liliana de Mestres y también recoge de Triadó el gusto por el mundo del libro del siglo XV y XVI. Pero varios libros marcarán el paso entre los dos movimientos artísticos de este período: en 1909, aparece el libro Primer llibre de Dones, de E. Girbal Jaume, impreso en la Tipografía R. Cardona, con ilustraciones y viñetas de Capuz, Ismael Smith, Joan Llongueras, Opisso, Junceda, Apa, Junoy y Muntayola, parte de la plana mayor de los ilustradores del futuro “Noucentisme”. En 1910, Pere Torné Esquius ilustra Els dolços indrets de Catalunya, dentro del más atractivo Novecentismo, donde representa con un dibujo intimista interiores de casas y jardines de Sant Gervasi. En 1911 aparece L’Almanach dels Noucentistes, editado por Joaquim Horta, obra capital y representativa del espíritu renovador que se tenía en cuanto a la compaginación y distribución de las imágenes. En palabras de Vélez, el Primer llibre de les Dones, será, junto al Almanach dels Noucentistes, los que entierren el Modernismo y saluden el Novecentismo.16 A partir de esta fecha señalada con la aparición del Alamanach, los ilustradores “noucentistes”, tanto trabajando con la pluma como la xilografía, con su sentido del clasicismo y con su estudiada abarrocada simplicidad, dan al libro una sensación de amplitud al alcanzar una simbiosis harmónica entre texto e imagen. En 1911, Aragay ilustra la portada para el libro Poemes del port (Epigrammata-sonets), de Josep Maria López- Picó, y estampado por F.X.Altés, y ese mismo año, Torné Esquius ilustra el libro de Josep Carner, Verger de les Galanies, estampado por Fidel Giró. Como dijimos, nos encontramos en 1912, y Triadó, fiel a su eclecticismo y personalidad, que había rozado el Art Nouveau, y que estuvo siempre impregnado del medievalismo y del prerrafaelismo, no cambiará su modo de interpretar plásticamente la lectura de los textos, ni su técnica vigorosa del dibujo ni su fuerza creadora. Ese año, la Societat Catalana de Bibliòfils, obedeciendo a sus obligaciones, decide publicar el libro Cançoner Sagrat de Vides de Sants17, bajo las premisas de la bibliofilia más clásica y afrancesada, encargando la decoración a Joaquim Figuerola y las ilustraciones a Josep Triadó y Francesc Labarta. El gran formato 16 Vélez, op. cit., p.263. 17 Cançoner Sagrat de Vides de Sants, publicat per R. Foulché Delbosc i J. Massó y Torrents. Illustracions de J. Triadó, F. Labarta y J. Figuerola. Societat Catalana de Bibliòfils, Barcelona, 1912. 31 del libro, la compaginación, con un filete rojo que enmarca las ilustraciones para los comienzos de capítulo, el texto con tipo elzeviriano y el papel de hilo, hacen de éste, un libro de lujo. Triadó se encargará de las 25 primeras coplas de las vidas de los santos, para las que seguirá las pautas marcadas por los editores, de enmarcar, ya sea en una imagen, ya sea en un tríptico, escenas de las vidas de los santos. Para estas ilustraciones, que son comienzos de capítulo (capítulo por vida de santo), Triadó evoca las xilografías de vidas de santos de algunos incunables, o bien se basa en las representaciones de los gozos tradicionales, pero siempre con una técnica muy detallista en el dibujo y los detalles y un estilo que mezcla lo gótico con el Art Nouveau, dejando muy clara su tendencia neogoticista. Triadó representa la vida de los santos a partir de los textos de las coplas, pero buscando siempre los atributos más representativos de los personajes en la pintura clásica e insiriendo complementos que expliquen de manera sutil las relaciones con los personajes principales. En las ilustraciones a dos tintas, Triadó representa escenas interiores y exteriores, pero la mayoría con un fondo negro que da a la imagen un sentido más trágico e irreal a la composición. Desde 1912 hasta 1924, Triadó no ilustrará ningún libro, exceptuando cubiertas, encuadernaciones, etc., y una portada que hizo para un Quijote ilustrado por Daniel Urrabieta Vierge y editado en 1916 por Salvat. Será en este año cuando Triadó vuelva por primera vez en muchos años, pero por última vez, a exponer su obra pictórica en una sala comercial, en las Galerías Layetanas, en el mes de febrero. Su actividad laboral en la escuela de Bellas Artes de Llotja, será más activa que nunca, al ser nombrado en 1915, profesor de Término en la cátedra de dibujo artístico y elementos de historia del arte, y en 1918, haciéndose cargo de las clases de dibujo de la Escuela Profesional del Instituto Catalán de las Artes del Libro, además de otras actividades que le mantuvieron apartado de su actividad en la ilustración y decoración de libros. En cuanto a la aparición de otros libros importantes en la historia del libro catalán como objeto de arte, dos libros de Josep María de Sagarra seguirán el camino emprendido por Aragay para la portada del libro Poemes del port: en 1914 aparece editado por la imprenta La Neotipia su Primer llibre de poemas, con una soberbia portada de Francesc D’Alexandre Galí, pero con unas decoraciones de las páginas interiores muy cercanas al barroco de guirnaldas y jarrones, y en 1916, aparece El mal caçador, con ilustraciones de Joan Mirambell e impreso por F.X. Altés. Ya hemos dicho más arriba, que la relación de Triadó con el editor de libros de bibliófilo Ramón Miquel y Planas será fecunda, y a partir de ahora, no ilustrará otro libro que no sea editado por él o de cuya edición se hubiese encargado. En 1924, ilustrará dos libros: Contes de Bibliòfil y Els cent aforismes del bibliòfil. Contes de Bibliòfil 18, fue editado con motivo de la celebración del 25º aniversario de la creación del Instituto Catalán de las Artes del Libro (1898-1923), y la idea fue la de publicar un libro que representara de manera exhaustiva los avances en las artes gráficas durante esos años, que fueron muchos. El libro fue impreso por los maestros y discípulos de la Escuela Profesional del Instituto, en sus propios talleres. Para reproducir las ilustraciones y las decoraciones originales de todos los artistas, se usaron los medios técnicos de reproducción más nobles y costosos: calcografía, xilografía, fototipia, litografía, reproducción fotográfica, etc. De la selección de textos se encargó Ramón Miquel y Planas, teniendo en cuenta que el tema del libro debía ser la Bibliofilia. Se imprimieron trescientos ejemplares en catalán y seiscientos en castellano, sobre papel de hilo de la casa Guarro, con tipo elzeviriano. Entre los ilustradores de los diferentes cuentos, se encuentra lo más destacado del momento representados por, al menos, dos generaciones de artistas. Josep Triadó se encargó de realizar el frontispicio del libro, una Alegoría de la Bibliofilia, y de ilustrar la novela de Charles Nodier, Franciscus Columna, con ocho composiciones impresas tipográficamente a ocho tintas. 18 Nodier, et altri. Contes de bibliòfil, originals de Ch. Nodier, G. Flaubert, Bonnardot, C. Asselineau, A. Daudet, O. Uzanne, G. Doucet, P. Lonys, P. Mille, J. Pons y Massaveu, R. Casellas, y M.S. Oliver, precedits d’un pròlech de R. Miquel y Planas. Ilustracions de Triadó, Urgellés, Cardunets, Colom, Pey, D’Ivori, Apa, Junceda, Longoria, Ollé i Pahissa, ab ornamentacions de J. Figuerola. Institut Català de les Arts del Llibre. Barcelona, 1924. XLIV + 360 Pàgs. 24 x 17 cms. Existe otra versión en castellano. 33 Alegoría de la bibliofilia, 1924 19 Algunas de las obras de este pintor italiano, fueron reproducidas en las revistas catalanas de la época como en La Ilustración Artística. Para el frontispicio, Triadó realizó un grabado a la Talla Dulce, realizado por J. Torné, que representa una Alegoría de la Bibliofilia: la Ciencia, con una antorcha alzada, aparece asistida por el pequeño genio de la Bibliofilia, el cual despliega una filacteria donde están inscritos los nombres de algunos de los más grandes bibliófilos, desde el trecentista Richard De Bury, autor del Philobiblon, hasta Isidro Bonsoms, contemporáneo de Triadó, quien atesoró una de las colecciones más ricas sobre Cervantes, pasando por Diego de Arze, Pedro de Aragón y el Marqués de Morante, los tres españoles; Charles Nodier, Juli Janin, Albert Cim y Octave Uzanne, franceses, y Thomas Frognall Dibdin, inglés como De Bury. Al pie de la estampa Triadó representa a un joven tomando ávidamente de las manos de un viejo, un libro que este le presenta, función que a su vez, el joven tendrá que realizar también, transfiriendo sus libros, como legado de gran estima, a sus sucesores. En cuanto a la ilustración de la novela de Nodier, Franciscus Columna, Triadó realizó 8 composiciones reproducidas tipográficamente a 8 tintas, y que aluden, cada una de las ilustraciones, a escenas y momentos concretos de la novela. Estilísticamente podemos hablar de una obra de plena madurez de Triadó, una de las más bellas surgidas de su pluma, donde, aprovechando que el contexto de la novela se desarrolla en el siglo XV, despliega toda su delicadeza y sus conocimientos en reproducir los vestidos, los interiores y exteriores de Venecia, incidiendo muchísimo en el detalle de las arquitecturas interiores, de los pliegues de los vestidos y creando una atmósfera medieval y prerrafaelista. El estilo que casa muy bien con el texto de la obra, y le da una cierta decadencia, es muy cercano a los dibujos y óleos de Edward Burne Jones y del pintor italiano Pietro Gabrini; del primero, sobre todo, por el tratamiento pictórico de los pliegues de los vestidos, que provienen a su vez, de la influencia que Botticelli tuvo sobre el pintor inglés, y del segundo, por su conocimiento de los ambientes venecianos.19 Pero la obra de Triadó, a pesar de estas influencias, tiene una fuerte personalidad, ya característi 34 Na Polia’s va axecar y descansantse amb les mans en les dues dames… 1924 20 Els cent aforisms del Bibliòfil, publicats per R. Miquel y Planas, Barcelona 1924. Un volum de XIIV + 48 pàgs., de 14 x 10 cm. Illustrat per J. Triadó, estampació a varies tintes. En paper de fill. En paper japonès. Este libro pertenece a la colección “Amor del Llibre”, que sólo editará un libro más, en 1928, titulado La llegenda del llibreter assassí de Barcelona, ilustrado por el discípulo de Triadó, Joan Vila D’Ivori, pero con letras capitulares diseñadas por Triadó. Esta colección de gran calidad gráfica y editorial, será el máximo exponente de la bibliofilia ilustrada de Ramón Miquel y Planas. Cuatro de las ilustraciones para “Els cent aforismes” 21 Miquel y Planas, Ramon., El Purgatorio del Bibliófilo, Novela fantástica. Traducción castellana por L. C. Viada y Lluch. Ilustraciones de J. Triadó. Madrid, Librería de los Bibliófilos Españoles, 1927. Un volumen de 115 x 80 mm (Pequeña Colección del Bibliófilo). un enmarcado de filete verde. Y todo el conjunto se embellece con las ilustraciones de Triadó, quien se siente muy seguro al tratar las ilustraciones sobre un tema del cual es gran conocedor, el mundo del libro. Triadó ilustrará la portada de la encuadernación en rústica, las páginas de guardas, un exlibris universal, un frontispicio (aguafuerte) y la portadilla, además de las 8 alegorías restantes, estampadas a varias tintas, dedicada cada una a los respectivos capítulos del libro, haciendo referencia, además, a uno de los aforismos contenidos. Triadó recurre a elementos del libro y simbólicos de la sabiduría, como los incensarios encendidos, cuyo humo ascendente evoca la espiritualidad de la sabiduría contenida en los libros, etc. A partir de este momento, con excepción de La perfecta casada, último libro que Triadó decoró y no alcanzó a terminar, se dedicaría a la ilustración y decoración de 8 títulos para la Pequeña Colección del Bibliófilo, editados por Ramón Miquel y Planas, unos libros de pequeño formato (115 x 80 mm), que hicieron las delicias de los amantes de los libros. De todos ellos, algunos de los cuales sólo diseñaría la portada en rústica o las hojas de guardas, señalaré los tres que ilustró y decoró totalmente, que fueron El purgatorio del bibliófilo (1927), de Ramón Miquel y Planas, El Philobiblon (1927), de Ricardo de Bury y Los eruditos a la violeta (1928), de José Cadalso. El Purgatorio del bibliófilo21, escrito por Ramón Miquel y Planas, fue decorado e ilustrado íntegramente por Josep Triadó, y para los diferentes elementos formales, utilizó 36 estilos diferenciados. Realizó la decoración de la portada en rústica, las hojas de guarda y las ilustraciones al texto. Para las guardas, Triadó simula un papel pintado, en horizontal, de estilo clásico, con medallones que alternan el perfil de la diosa Minerva y el perfil del diablo, personaje principal de la novela. Las ilustraciones se basan en pequeñas sombras chinas que representan los perfiles de las escenas que quiere representar. Estas pequeñas manchas de tinta, se reprodujeron en color burdeos, a pesar que los originales fueron hechos en tinta negra y en un formato mucho mayor22, lo cual hace que la inserción de los 149 dibujos hechos por Triadó en las pequeñas hojas del libro, sea un prodigio de impresión. Para El Philobiblion23, loa clásica al libro escrita por Richard de Bury, Ramón Miquel y Planas dejó escrito en el prólogo que “Como editores del presente libro, diremos, para terminar, que nos hemos esforzado en hacer de El Philobiblion castellano un pequeño joyel bibliográfico, que no decayera demasiado ante las excelentes y muy lujosas ediciones extranjeras que de la obra de De Bury existen para solaz de los bibliófilos. Al artista don José Triadó, que tiene adquirido un sólido prestigio como ilustrador y ornamentador de libros, corresponde el mérito principal que de la presente edición pueda derivarse. Nuestra intervención personal se ha limitado a velar para que la corrección del texto y la ejecución material resultaran dignas del nombre del autor del libro y no perjudicaran en nada la doble labor, tan estimable del traductor y del ilustrador.” Como todo libro dedicado al mundo del libro, y este en especial, Triadó se siente en su propio medio, y como casi siempre, recurre a la iconografía medieval del impresor y de los scriptoriums medievales, a aquellas imágenes, sobre todo alemanas, que tratan el tema del libro, y con más motivo aún, tratándose de un libro que se ocupa de la mirada que tenía un clérigo del siglo XIV. Triadó realizó la portada, las hojas de guarda, el retrato del autor y las ilustraciones al libro, siempre subordinadas al texto, y que son pequeñas viñetas impresas a dos tintas que hacen de comienzo de capítulo. 22 Los originales se conservan en un álbum que fue propiedad del artista Antoni Ollé Pinell, y que actualmente se conserva en la Biblioteca de Catalunya. 23 Bury, Ricardo de, El Philobiblion, muy hermoso tratado sobre el amor a los libros. Traducido directamente del latín por el P. Tomás Viñas san Luis, Sch. P. Ilustraciones de Josep Triadó. Madrid, Librería de los Bibliófilos Españoles, 1927. Un volumen de 115 x 80 mm., de XXIV + 212 págs. (Pequeña Colección del Bibliófilo). Se hizo una tirada de 600 ejemplares en papel de hilo Guarro. De este tomo se hizo una tirada especial de 50 ejemplares en papel japonés, reimpuesto al tamaño de 14 x 10 cm. 37 Ilustración para El Philobiblion concluida del todo, aunque sí por completo planeada en notas y apuntes gráficos que han constituido para nosotros auxilio precioso para suplir lo que faltaba: difícil labor que se ha encargado respetuosamente uno de los discípulos del artista, sin apartarse un ápice del camino trazado por el maestro.” Efectivamente, el libro se acabó de imprimir el 17 de septiembre y Triadó murió el 2 de abril. Ignoro quién fue el discípulo que se hizo responsable, y el motivo por el cual Miquel y Planas no dejó constancia de su nombre. El corpus decorativo del libro es el siguiente: un frontispicio al lado de la portada, y a partir de aquí, viñetas como comienzos de capítulo (20 en total). Las características formales de todas las decoraciones son similares: un motivo central diferente para cada una de ellas y una orla decorativa con motivos vegetales, animales y objetos decorativos, con un estilo muy cercano al “Noucentismo” de reminiscencias barrocas. Y para acabar, añadir que el papel de Triadó en la ilustración y decoración del libro catalán, tuvo siempre una elogiosa recepción en la crítica de los especialistas en el mundo del libro y del arte de su época y que una vez estudiada su obra completa, haciendo hincapié en su personalidad artística y en el desarrollo de su estilo personal dentro de los movimientos artísticos del momento, Triadó fue uno de los más destacados ilustradores de libros y al cual, se le debe reconocimiento. Barcelona, marzo 2010



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